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Yo también soy culpable de defender la enseñanza pública

Tras ver a través de twitter esta foto de un telegrama remitido por la Junta Electoral de Zona de Madrid y leer la información completa del evento Yo tampoco cometí delito por votar con camiseta verde [info], otros casos  como el comentado en el blog profesorgeohistoria

Sumate a la acción:

Al Juzgado 147 de Madrid

Yo, _______________________________________________
con dni __________________ me autoinculpo de haber acudido a votar en mi colegio electoral en 20 de noviembre en las Elecciones Generales ataviado con una camiseta verde en la que podía leerse la leyenda “ESCUELA PÚBLICA DE TOD@S PARA TOD@S.”

Lo cual hice inducido por mi profunda adhesión con el artículo 27.5 de la Constitución Española, que dice literalmente “Los poderes públicos garantizan el derecho de todos a la educación, mediante una programación general de la enseñanza, con participación efectiva de todos los sectores afectados y la creación de centros docentes.” Es y sigue
siendo mi interés que este artículo se siga cumpliendo en España y la educación pública siga siendo DE TOD@S Y PARA TOD@S.

Lamento profundamente que esta mi actitud de defensa de uno de los derechos fundamentales que recoge la Constitución haya sido intencionadamente malinterpretada por personas que al tratar de criminalizar este hecho demuestran su desacuerdo con tales derechos tanto como lo viene demostrando su gestión de la educación pública allá donde gobiernan.

Atentamente.

_________________________________________________
(nombre y firma)

________________________ a ____ de ____________ de 2011
(población)                                                          (fecha)

descarga el documento de acción soy publica

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Irregularidades electorales

Ya empiezan a llegarnos respuestas de la acción “Irregularidades en los procesos electorales en España“ que, como muchos de vosotros conocéis, tenía por objeto la denuncia de irregularidades (y anormalidades) electorales, con especial atención al comportamiento en torno a las mesas y las garantías en el secreto y privacidad del voto. Estos primeros resultados muestran determinadas líneas en común, con independencia de localización.

  • Inusitada presencia policial en algunos colegios electorales. Aunque su presencia sea legal, su desproporcionalidad es un síntoma de la desconfianza del propio sistema hacia la urbanidad de los ciudadanos que, sin embargo, convoca para la expresión de su voto. Intensificándose esta presencia sin mayor sentido en salas destinadas a la simple recogida de papeletas electorales.
  • Ligero retroceso en los mecanismos dispuestos para preservar la privacidad del voto. Especial mención a las cabinas: estado descuidado, desorganizado y desprovisto de papeletas.
  • En algún caso, ante la negativa de aceptar el formulario de denuncia de las irregularidades, hay que lamentar el impedimento a desarrollar libremente la iniciativa propia de denuncia de irregularidades.

Otras irregularidades específicas de estos comicios algunas de ellas de novedad, otras incrementadas en esta ocasión, han sido:

  • Avales: La necesidad de presentación de avales por los partidos extraparlamentarios limitó (y limitará en el futuro) la libertad del voto al trabar y a veces impedir la concurrencia en igualdad de condiciones a numerosos partidos, afectando a la pluralidad. Además, otorgar el aval a un partido (sólo puede hacerse a uno) puede considerarse una declaración explícita del voto, siendo como mínimo una evidente declaración de tendencia o simpatía con una opción específica de voto, lo que contraviene su secreto. Es un hecho que esta comprometida información se revisó con meticulosidad por organismos estatales, y sospechamos que, al no haberse regulado su confidencialidad y necesidad de destrucción, pasará a engordar nuestra ficha policial.
  • Voto por correo: La arbitrariedad del protocolo de voto por correo da lugar a numerosas irregularidades, que acaban impidiendo o limitando gravemente el derecho al voto en muchos casos. Estas irregularidades han sido especialmente graveseste año, tras los retrasos consecutivos que han provocado las denuncias por listas anuladas en primera instancia por errores en los avales, subsanadas a última hora. A juzgar por los datos obtenidos, estos retrasos han provocado esta vez una abstención masiva no pretendida de residentes en el extranjero en casi todos los casos, al no recibir a tiempo la documentación necesaria, es decir, las papeletas.
  • Destrucción de listas de votantes: El voto en España es un derecho, no un deber. Nada ni nadie obliga al votante a votar, y el único voto útil es el voto, o el no voto, en libertad. Durante la votación se generan la llamadas listas de votantes, que tienen tanto los vocales como algunos apoderados de los partidos mayoritarios, donde figuran los votantes de esa mesa, y donde se tachan los que votan, al objeto de evitar el doble voto. Al final de la jornada electoral dicho listado NO es destruido, quedando a disposición del Estado, y lo que es peor, de los partidos, cuyos apoderados tachan a los votantes en sus propias listas y las conservan para uso y explotación propios. No existe norma legal que obligue a su destrucción. Esta circunstancia contraviene una de las libertades fundamentales: la libertad de voto, es decir, la libertad de votar o no votar y de que dicha decisión sea personal y secreta. Estos registros están siendo utilizados para la localización y el acoso de abstencionistas, hay casos probados, o incluso podrían localizar el voto a partidos minoritarios en pequeñas secciones electorales. Este año, una vez más, ahí estaban los apoderados con sus listas, armados con el tremendo avance que ha supuesto a esto que llaman democracia y no lo es el marcador amarillo.

Si no lo has hecho ya, envíanos tu denuncia al Grupo de Trabajo de Política a Corto Plazo / 15-M, en el CSA Tabacalera (Embajadores 53, 28012 Madrid). El objetivo es podérselas entregar a la Junta Electoral Central y sirvan para la denuncia del relajo y ligereza con la que se tratan asuntos tan básicos como la libertad y el secreto del voto. ¡Corrijamos esta tendencia crónica del sistema electoral español!